Poesía S XX

Rafael Alberti. Marinero en tierra. 1925

Marinero en tierra. 1925

A un capitán de navío.

Sobre tu nave —un plinto verde de algas marinas,

de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar,

capitán de los vientos y de las golondrinas,

fuiste condecorado por un golpe de mar.

 

Por ti los litorales de frentes serpentinas

Desenrollan al paso de tu arado, un cantar:

—Marinero, hombre libre que los mares declinas,

dinos los radiogramas de tu estrella Polar.

 

Buen marinero, hijo de los llantos del Norte,

limón del mediodía, bandera de la corte

espumosa del agua, cazador de sirenas;

 

todos los litorales amarrados del mundo

pedimos que nos lleves en el surco profundo

de tu nave, a la mar, rotas nuestras cadenas.

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925

 

El mar. La mar

El mar. La mar.

El mar. ¡Sólo la mar!

 

¿Por qué me trajiste, padre,

a la ciudad?

 

¿Por qué me desenterraste

del mar?

 

En sueños, la marejada

me tira del corazón.

Se lo quisiera llevar.

 

Padre, ¿por qué me trajiste

acá?

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925

Sueño del marinero.

Yo, marinero, en la ribera mía,

posada sobre un cano y dulce río

que da su brazo a un mar de Andalucía,

 

sueño ser almirante de navío,

para partir el lomo de los mares

al sol ardiente y a la luna fría.

 

¡Oh los yelos del sur! ¡Oh las polares

islas del norte! ¡Blanca primavera,

desnuda y yerta sobre los glaciares,

 

cuerpo de roca y alma de vidriera!

¡Oh estío tropical, rojo, abrasado,

bajo el plumero azul de la palmera!

 

Mi sueño, por el mar condecorado,

va sobre su bajel, firme, seguro,

de una verde sirena enamorado,

 

concha del agua allá en su seno oscuro.

¡Arrójame a las ondas, marinero:

-Sirenita del mar, yo te conjuro!

 

Sal de tu gruta, que adorarte quiero,

sal de tu gruta, virgen sembradora,

a sembrarme en el pecho tu lucero.

 

Ya está flotando el cuerpo de la aurora

en la bandeja azul del océano

y la cara del cielo se colora

 

de carmín. deja el vidrio de tu mano

disuelto en la alba urna de mi frente,

alga de nácar, cantadora en vano

 

bajo el vergel azul de la corriente.

¡Gélidos desposorios submarinos,

con el ángel barquero del relente

 

y la luna del agua por padrinos!

El mar, la tierra, el aire, mi sirena,

surcaré atado a las cabellos finos

 

y verdes de tu álgida melena.

Mis gallardetes blancos enarbola,

¡Oh marinero!, ante la aurora llena

 

¡y ruede por el mar tu caracola!

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925

 

Malva-luna-de-yelo

Las floridas espaldas ya en la nieve,

y los cabellos de marfil al viento.

Agua muerta en la sien, el pensamiento

color halo de luna cuando llueve.

 

¡Oh qué clamor bajo del seno breve;

qué palma al aire el solitario aliento,

qué témpano cogido al firmamento,

el pie descalzo, que a morir se atreve!

 

¡Brazos de mar, en cruz, sobre la helada

bandeja de la noche; senos fríos,

de donde surte, yerta, la alborada;

 

oh piernas como dos celestes ríos,

Malva-luna-de-yelo, amortajada

bajo las mares de los ojos míos!

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925

Branquias quisiera tener

Branquias quisiera tener

porque me quiero casar.

Mi novia vive en el mar

y nunca la puedo ver.

 

Madruguera, plantadora,

allá en los valles salinos.

¡Novia mía, labradora

de los huertos submarinos!

 

¡Yo nunca te podré ver

jardinera en tus jardines

albos del amanecer!

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925

 

¡Qué altos

¡Qué altos

los balcones de mi casa!

Pero no se ve la mar.

¡Qué bajos!

 

Sube, sube, balcón mío,

trepa el aire, sin parar:

sé terraza de la mar,

sé torreón de navío.

 

—¿De quién será la bandera

de esa torre de vigía?

 

—¡Marineros, es la mía!

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925

 

Si Garcilaso volviera

Si Garcilaso volviera,

yo sería su escudero;

que buen caballero era.

 

Mi traje de marinero

se trocaría en guerrera

ante el brillar de su acero;

que buen caballero era.

 

¡Qué dulce oírle, guerrero,

al borde de su estribera!

En la mano, mi sombrero;

que buen caballero era.

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925

 

¡Traje mío, traje mío,

¡Traje mío, traje mío,

nunca te podré vestir,

que al mar no me dejan ir!

 

Nunca me verás, ciudad,

con mi traje marinero.

Guardado está en el ropero,

ni me lo dejan probar.

 

Mi madre me lo ha encerrado,

para que no vaya al mar.

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925

 

¡Quién cabalgara el caballo

¡Quién cabalgara el caballo

de espuma azul de la mar!

 

De un salto,

¡quién cabalgara la mar!

 

¡Viento, arráncame la ropa!

¡Tírala, viento, a la mar!

 

De un salto,

quiero cabalgar la mar.

 

¡Amárrame a tus cabellos,

crin de los vientos del mar!

 

De un salto,

quiero ganarme la mar.

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925

 

Si mi voz muriera en tierra,

Si mi voz muriera en tierra,

llevadla al nivel del mar

y dejadla en la ribera.

 

Llevadla al nivel del mar

y nombradla capitana

de un blanco bajel de guerra.

 

¡Oh mi voz condecorada

con la insignia marinera:

sobre el corazón un ancla

y sobre el ancla una estrella

y sobre la estrella el viento

y sobre el viento la vela!

Rafael Alberti, Marinero en tierra, 1925

 

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