Poesía,  Poesía Edad Media

Cantar de los siete infantes de Lara

CANTAR DE LOS SIETE INFANTES DE LARA

 

XLIX

Mudarra y Ruy Velázquez se avistan y combaten (vv 411-417 )

 

Esque esto ovo dicho, movió para Ruy Velázquez.

Don Rodrigo con dozientos acabdillado estava en haze;

dixo contra los suyos: «Amigos, quedos estad;

yo quiero ver aquel que se aparta quí es o qué viene buscar.»

 

Pusiéronse en sendos cabeços, en medio un pequeño valle:

catávanse uno a otro, non se querían saluar.

Dixo Ruy Velázquez a Mudarra González:

«¿Quí sodes vós, cavallero, e qué venides buscare?»

 

Respondióle don Mudarra: «Yo so vuestro enemigo mortal,

vengo vengar la muerte de mis hermanos los infantes

que vós como traidor levastes a descabeçar.»

 

«Vos sodes el traidor» dixo Ruy Velázquez,

«ca desque a Lara entrastes me fiziestes mucho mal:

matastes me mis vasallos e las mis villas quemastes;

agora me lo pagaredes que en tal tiempo estades.»

 

Dixo don Mudarra: «Mientes, don falso traidor desleal;

de quantas traiciones pensaste oy derecho tú darás.

Castiguemos la cavallería, estén quedas nuestras hazes,

lidiemos nós uno por otro si esto a vós plaze,

que las nuestras gentes, ¿por qué se an de matare?

Entrefiar vos he mi cuerpo o vengaré los infantes.»

 

Dixo Ruy Velázquez: «Todo esso a mí plaze.»

 

Respondióle don Mudarra: «Pues los vuestros castigad,

castigaré yo los míos que ninguno non derranche,

traidor sea como Judas quien ý fiziere ál.»

 

Amos se desafiaron, uno de otro muy cerca están:

e sus gentes castigadas, dixo Mudarra Gonçález:

«¡Este es el día que yo deseava más!

Señor, tú cuida al que andava con verdad.»

 

Allí le dixo Gonçalo Gústioz su padre:

 

«Fijo, por amor de mí non lidiedes con él aparte;

fuerte cavallero es el traidor, non ha en España su pare;

yo que lo conozco con él me dexad lidiare,

vengaré mis fijos e lo que me fizo cativare.»

 

Dixo don Mudarra: «Señor, non me mandedes tale,

omenaje le tengo fecho, no lo puedo quebrantare;

no falsaría mi palabra por quanto el mundo vale.

Veámonos con salud, si al Nuestro Señor plaze.»

 

Espoloneó el cavallo e deçendió por el valle.

Muy agradoso el traidor a reçebirlo sale.

Allí espolonean los cavallos, a acometerse van;

abaxadas las lanças fieros golpes se dan,

quebrantaron los escudos que ninguna pro les han,

desmallávanse las lorigas como si fueran çendal.

 

El poder de Jesucristo siempre amó verdad:

el golpe que el traidor dio a Mudarra Gonçález

non quiso Dios que l’ prendiese en la carne

pero non dexó la lança de salir de la otra parte.

 

La lançada que don Mudarra dio al traidor de Ruy Velázquez

firiól’ por meitad de los pechos, la loriga le fue a falsar;

más de la media lança salió de la otra parte,

sacóle de la silla, en tierra lo fue derribar:

nunca otro cavallero diérale golpe tal.

 

Don Mudarra tiró de la lança por otra ferida le dar,

desde encima del cavallo queríale golpear;

díxol’ don Rodrigo: «Amigo, ¿qué ganas en me matar?,

ca el golpe que me diste me abonda asaz;

mas por la fe que a Dios deves tanto te quiero rogar:

mis vasallos non han culpa, non les quieras fazer mal.»

 

Desque Gonçalo Gústioz vio al traidor en tierra estar,

aguijó el cavallo, quanto pudo fuese para allá:

 

«Fijo, ese traidor non mates, liévalo a doña Sancha tu madre

que soltará el su sueño que soñava beber de su sangre.»

 

«Por Dios, señor, dixo Mudarra, en Salas non entrará,

en Vilvestre, su casa, allí lo justiciarán».

 

Cargado en una azémila, comiénçanlo de levar;

tamaño gozo han los de Lara, comiençan a bofordar.

 

 

LI

Doña Sancha acude a Vílvestre, donde ve cumplido su sueño (vv 492-537)

 

Doña Sancha entró en Vilvestre, todos a reçebirla salen,

coberturas villutadas, bofordando van;

Mudarra a doña Sancha las manos le fue besare,

diziendo a altas bozes: «¡Justicia el cielo faze!

Señor, d’ este traidor tú me quieras vengar.»

 

Deçienden todos de las bestias, al palaçio van entrar.

Entonce dixo don Mudarra a doña Sancha su madre:

 

«Vedes aquí el traidor, agora lo mandat justiciar.»

 

El traidor cerró los ojos e la non quiso mirar;

catávalo doña Sancha en el suelo donde yaz,

echado en unas colchas vio correr d’ él mucha sangre:

 

«¡Grado e gracias a ti, Señor rey celestial,

que veo el sueño que soñé que bevía de la su sangre!»

 

E fincó los inojos para beber, d’ él a par,

mas desque así la vio esse Mudarra Gonçález,

rebatóla en los braços, ayudóla a levantar.

 

«Non lo fagades, señora, non quiera Dios que tal pase,

que sangre de omne traidor entre en cuerpo atan leal;

afelo en vuestras manos, mandatlo justiciar.»

 

Los unos dezían: «Señora, cada día un mienbro le tajad»;

los otros dezían: «Señora, mandaldo desollar»;

otros le dezían: «Por Dios, vámoslo a quemar»;

los otros le dezían: «Señora, vámoslo a apedrear.»

 

Allí fabló doña Sancha, oiredes qué dirá:

«A todos lo agradezco que vos sentides de mi mal,

mas quiero esta justicia fazer a toda mi voluntad;

plaziendo a Dios e a don Mudarra yo quiero ser d’ esto alcalde:

 

en Burgos fueron las bodas, al tablado alançare,

sobr’ esto se levantó esta traición atan grande,

por cativar mi marido, mis fijos descabeçare;

alçaldo agora en dos vigas, pies e manos le atade,

de los que finaron en la batalla vénguese agora su linaje:

 

escuderos e cavalleros, e los que pudieron alcançare,

con lanças e con bofordos todos vengan alançar,

que las carnes del traidor hayan a despedaçar,

e desque cayere en tierra apedreallo han.»

 

Como doña Sancha mandó, así a fazerlo van.

Veriedes las carnes del traidor todas a tierra caen,

ca la conpaña era mucha, aína lo van despedaçar;

ayuntaron los pedaços, piedras sobre él van lançar,

cubierto fue d’ ellas, diez carradas sobre él yazen.

 

Agora quantos por ý pasan de Paternoster en lugar,

con sendas piedras al luziello van dare,

e dizen: «Mal sieglo aya la su alma. Amén.»

Por esta guisa es maldito aquel que traición faze;

non fallaredes en España qui su pariente se llame.

 

Texto procedente de http://www.los-poetas.com/g/infantes.htm

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